Si te estás haciendo esta pregunta, probablemente será porque estás atravesando un momento complicado que te resta calidad de vida. Sabes que algo no funciona bien, pero no tienes claro si eso que te ocurre puede ser competencia de un psicólogo. Los motivos para ir a un terapeuta son casi infinitos. Entonces, ¿Cómo sé si es idóneo acudir a uno de ellos?
Intentaré resumir algunos de los problemas más frecuentes que animan a las personas a acudir a terapia:
Cuando lo único estable en nuestro día a día es el malestar, es un buen momento para buscar ayuda profesional. Las personas pueden convivir con sensaciones permanentes de apatía, desgana, sensación de vacío o insatisfacción. Dificultades para disfrutar de actividades que antes resultaban agradables, sensaciones de bloqueo, cambios de humor, irritabilidad, vergüenza y culpabilidad extrema o sufrir miedos incontrolables.
Podemos atravesar situaciones difíciles que desborden nuestros recursos personales para hacerlas frente por su fuerte impacto emocional. Lo que genera una sensación de descontrol sobre nosotros mismos. En situaciones como una ruptura sentimental, la muerte de un ser querido, una enfermedad grave, abusos sexuales, maltrato, accidentes graves… la ayuda de un profesional es altamente recomendable para aliviar el impacto y reparar el daño emocional ocasionado.
En los casos en que sufrimos un trastorno psicológico como problemas de ansiedad, estrés postraumático, fobias, depresión, trastornos de la personalidad, disfunciones sexuales, trastornos de la conducta alimentaria, adicciones… la visita a un profesional es más que recomendable.
Los sentimientos de soledad son muy frecuentes y fuente de gran malestar cuando esta no es buscada. Ante la ausencia de un contacto auténtico con los demás, podemos sentirnos tristes, aislados, incomprendidos... incluso cuando hay personas a nuestro alrededor. Otras veces, existe un gran temor a la soledad muy limitante que impide tener un contacto sano con uno mismo igualmente necesario. Y puede fomentar la búsqueda y el mantenimiento de relaciones insatisfactorias para evitar quedarse solos.
A veces nuestra mente es invadida por pensamientos negativos, obsesivos y recurrentes, que no podemos sacarnos de la cabeza. Anticipamos situaciones catastróficas que todavía no han pasado. Nos preocupamos mucho y no paramos de darle vueltas a las cosas. Dudamos constantemente de las decisiones que tomamos. O tenemos creencias irracionales negativas que nos limitan para hacer frente determinadas situaciones.
En cualquier caso, es un motivo suficiente para plantearse ayuda profesional.
Es un motivo muy frecuente y esencial para acudir a un psicólogo. Muchas personas se sienten pequeñitas, menos capaces que los demás y avergonzadas. Pueden sentir mucho miedo al conflicto y a despertar el rechazo de los demás, e intentan siempre complacer a todo el mundo. Por lo que acaban haciendo o diciendo cosas con las que no se sienten cómodos o no están conformes. Si se repite en el tiempo, el estrés, la tensión y el resentimiento consigo mismos y los demás se va acumulando.
En ocasiones no somos capaces de regular nuestras conductas. Mantenemos hábitos perjudiciales (beber en exceso, darse atracones de comida…) o comportamientos autodestructivos como las autolesiones, que aunque sabemos que no nos convienen, no conseguimos dejar de hacerlo. Por lo que es necesario la ayuda de un profesional para entender qué función cumple y cómo césar esas conductas.
Los problemas en las relaciones con parejas, amigos, familiares, etc. son muy frecuentes. Muchas personas consultan porque tienen conflictos con sus relaciones de amistad, o tienen problemas de timidez, vergüenza en el contacto con los demás. Y se aíslan evitando la interacción con el otro. También son muy frecuentes los problemas en las relaciones de pareja porque existen dificultades para iniciar una relación, o porque dentro de la misma hay una comunicación ineficaz, enfrentamientos, distanciamientos etc. Igualmente en las relaciones familiares existen estos y otros problemas que a menudo son consultados con un psicólogo.
Los problemas con compañeros o jefes (desencuentros, luchas de poder…), la sobre carga laboral que genera un fuerte estrés (síndrome del “Burn Out”), situaciones de acoso laboral, desmotivación en el trabajo etc, son algunos de los problemas laborales más frecuentes por lo que se consulta a un profesional.
Los niveles prologados de estrés o ansiedad suelen generan consecuencias negativas en nuestro cuerpo. Así que, tras descartar las causas físicas, consultar con un psicólogo puede ayudarte a resolver las causas emocionales que están en la base de problemas como cansancio, insomnio, dolores de cabeza, erupciones en la piel, dolores musculares o problemas digestivos entre otros.
Todos estos problemas y otros muchos más pueden abordarse en una terapia. No obstante, es muy importante no retrasar la visita al psicólogo por mucho tiempo, porque el problema tiende a cronificarse. Es decir, empeora sin ayuda profesional. Siendo muy infrecuente una remisión espontánea.
Es por ello, que siempre animo a acudir cuanto antes sin esperar a que la situación sea insostenible. Porque cuanto más lo retrasemos, mayor inversión de tiempo, esfuerzo personal, coste económico y emocional tendrá. Pues el problema estará más arraigado, y necesitaremos más tiempo para resolverlo. Además, habremos sufrido más tiempo en vano.
Y no olvidemos que es innecesario esperar a que el problema aparezca, basta con que quieras prevenir su aparición e iniciar un proceso de autoconocimiento y crecimiento personal.
En definitiva, la respuesta a cuando es necesario ir a un psicólogo es:
Siempre que lo necesites
Hasta la persona más sana psicológicamente puede beneficiarse de la terapia. Te brinda la oportunidad única de reencontrarte y reconciliarte con la persona más importante de tu vida: Tú mismo/a.
Por Esther Fuentes
Psicóloga sanitaria y psicoterapeuta de adultos