Mi pareja y yo nos vamos a separar, pero ¿cómo explico a mis hijos que sus padres se separan?, ¿cómo les informo?, ¿qué debo contarles y qué no?, ¿cómo les afectará?.
Estas preguntas son habituales que surjan ante la ruptura de quienes tienen hijos a su cuidado. Si eres madre o padre y te vas a separar de tu pareja, con bastante probabilidad te preocupará cómo se van a tomar esta noticia y el daño que esta decisión les pueda ocasionar. El miedo a romper el hogar familiar puede incluso estar paralizando tomar la decisión de separarte. Y que intentes “aguantar” todo lo posible por el bien de tus hijos para que crezcan en un hogar unido. Es habitual escuchar esta frase de: “Si no fuera por mis hijos, ya me hubiera separado de mi pareja”.
Pero, al contrario de lo que se suele pensar, la separación en sí misma, no tiene por qué ser un hecho traumático para los hijos si realiza en buenos términos. Y desde luego, no tiene por qué significar dejar un hogar roto.
Las consecuencias son mucho peores cuando crecen en un hogar donde los adultos no quieren estar juntos, no comparten nada y hay ausencia de amor y muestras de afecto. Donde no se ríen, no se abrazan, no se tocan, no se miran, tratan al otro como un extraño o con indiferencia, no hacen planes juntos… y ven a su padre o su madre siempre derrotados. Más aún cuando son testigos de los conflictos constantes entre sus padres, hacen de intermediarios o sienten que tienen que tomar partido y, en definitiva, de vivir en un ambiente familiar tenso y hostil.
Es innegable que la separación va a ser dura para todos. Pero el simple hecho de estar juntos, no significa que todo vaya a ir bien. Ni es el mal menor. Los niños necesitan mucho más para su adecuado desarrollo. Necesitan a sus padres sanos y emocionalmente disponibles para ellos. Aunque sea por separado.
Así que como ves, tenéis un papel fundamental para evitar que sufran secuelas durante el proceso de separación.
Por ello, si quieres reducir el impacto negativo que pueda tener en tu hijo o hija ten muy presente los siguientes aspectos a la hora de desvelarles la noticia y qué hacer en los días posteriores.
Aunque vuestra ruptura pueda ser desagradable o difícil, ahora es momento dejar aparcadas vuestras diferencias y acordar juntos como vais a darles la noticia. Es importante separar lo que os ha sucedido como pareja, del mensaje común que ahora tendréis que dar como padres. Así que antes de hablar con vuestros hijos seria altamente recomendable que os pusierais de acuerdo en qué les queréis contar y cómo se lo vais a decir. Así os sentiréis más cómodos al transmitir un mensaje coherente que vaya en la misma dirección, y evitareis sorpresas desagradables.
Cuando llegue el momento, y siempre que sea posible, lo más deseable es que estéis presentes ambos a la hora de comunicar la noticia a vuestros hijos. Es importante que os mostréis tranquilos y serenos mientras habláis con ellos. En un momento de crisis como este necesitan saber que pueden contar con vosotros. Si tenéis varios hijos, lo mejor es darles la noticia a todos a la vez.
También buscad un momento tranquilo y agradable para poder reuniros y hablar de la situación. Es decir, apagad la televisión, los móviles, la radio, etc para evitar interrupciones. Sentaos en frente de vuestros hijos, y si son muy pequeños, podéis acariciarles o cogerles de la mano mientras conversáis. El contacto físico puede ayudar a rebajar la tensión y hará que os sientan más cerca, y, por tanto, que se sientan más seguros.
Hablad de ello abiertamente y con franqueza del asunto. Explicadles que tenéis algo muy importante que decirles, y es que os vais a separar. Que os entristece tomar esta decisión, y a pesar de que habéis intentado arreglar las cosas, finalmente estáis haciendo lo que pensáis que es mejor para todos.
Es importante recalcar que no ha sido una decisión fácil de tomar para ninguno, pero que ha sido muy meditada y es definitiva, por lo que no hay vuelta atrás. Esto último es especialmente importante con los niños más pequeños porque suelen fantasear con una posible reconciliación y con que las cosas vuelvan a ser como antes.
Aquí la idea es podáis transmitirles lo que está sucediendo y cómo esto les afectará en adelante. Haciendo hincapié en que les seguiréis cuidando.
Si os preguntan por los motivos de la separación, intentad responder con la mayor sinceridad posible. No obstante, no es apropiado entrar en los detalles más íntimos de vuestra relación o separación y hacerles partícipes de vuestros conflictos o desacuerdos.
En ese sentido, puede ser una buena idea comentarles que hay ciertas cuestiones que no podéis compartir con ellos porque quizás por su edad no van a entender y, que se trata de información reservada solo para los adultos. O bien, que concierne tan solo a vuestra relación de pareja.
No obstante, también es importante no dejarles en el limbo y, por lo menos, darles algún tipo de información que ellos puedan manejar teniendo en cuenta su edad. Hay que intentar decirles cosas concretas como: “aunque los adultos se quieren, muchas veces convivir juntos es complicado”.
Aquí es de vital importancia que, aunque la separación no sea de mutuo acuerdo, evitéis discutir sobre ello, o entrar en descalificaciones, culpabilizaros mutuamente, hacer comentarios sarcásticos o hablar mal del otro en su presencia. Recuerda que por muy mal que te lleves con tu ex pareja, no deja de ser el padre o la madre de tu hijo.
Así que no trates de ponerle en su contra o le obligues a tomar partido poniendo a prueba su lealtad.
Sé que contenerse emocionalmente puede ser lo más difícil si estás muy dolido por cómo han sucedido las cosas, sobre todo si ha sido por un motivo difícil como una infidelidad. Tú dolor es absolutamente legítimo. Pero volcar tu malestar en tus hijos no ayudará a que te encuentres mejor y, sin embargo, puede perjudicarles mucho.
Ellos ahora mismo, más que saber todos los detalles de lo sucedido, necesitan sentir seguridad y confianza, sabiendo que permaneceréis a su lado durante todo este proceso de cambio y que pueden contar con vosotros siempre que lo necesiten.
Si te sientes sobrepasado o desbordado por todo el cúmulo de emociones que sientes, busca los espacios apropiados donde poder hablar sobre ello, expresarte y desahogarte. O incluso buscando ayuda profesional si fuera necesario. Haciendo esto, estarás protegiendo a tu hijo de que desarrolle problemas en el futuro.
Dejadles muy claro que ellos no tienen ninguna responsabilidad o culpa en lo ocurrido. Esto es especialmente importante en los niños más pequeños que suelen atribuirse la culpa de la separación a sí mismos como una forma de sentir cierto control sobre la situación. Si es mi culpa yo puedo hacer algo para resolverlo.
Por eso es fundamental, repetir las veces que sean necesarias, que ellos no son culpables de vuestros problemas de pareja. Y que no tiene que ver con nada malo que ellos hayan dicho o hecho.
También es importante explicarles que la pareja se ha roto, pero la familia no. Continuáis siendo una familia, aunque ahora os separéis como pareja. Una familia en la que ahora van a suceder una serie de cambios, pero el amor y el cariño hacia ellos permanece. Asegúrales que, aunque dejéis de vivir juntos, vuestro amor por ellos es infinito y vais a seguir cuidándoles.
De manera que podáis aclarar con ellos, detalles más prácticos como donde van a vivir y con quien, cada cuanto tiempo os van a poder ver, quien los va a llevar al colegio y a sus actividades extraescolares, cuando podrán ver a sus amigos, o qué pasará con su mascota, etc.
Por esto es tan importante que previamente hayáis acordado entre vosotros, un plan de vida en términos generales. En esa nueva planificación, es muy importante que ambos tengáis un protagonismo parecido es su crianza e impedir que pierdan contacto con otros familiares o amigos. Que, aunque su padre o su madre se marche de casa, no le van a perder. Y que harán muchas cosas con cada uno, pero por separado. Si os resulta útil, podéis presentarles, por ejemplo, un calendario para que vean el tiempo que pasareis con cada uno.
No les hagáis preguntas trampa del tipo: “¿con quién quieres irte a vivir?” o “¿cuánto tiempo quieres pasar con mamá o con papá?”. Dejadles muy claro que vosotros sois los únicos responsables de tomar este tipo de decisiones. Acuérdate de que, lo contrario, podríais estar generando en vuestro hijo un conflicto de lealtades al sentirse obligado a tener que elegir entre ambos.
Por otra parte, esto no es incompatible con decirles que estáis dispuestos a escuchar y a tener en cuenta también sus opiniones o sugerencias al respecto. Y si es necesario o viable, realizar modificaciones en el plan original.
Si os hacen una pregunta para la que todavía no tenéis una respuesta clara, sed sinceros, decidles que todavía no lo sabéis, pero que en cuanto podáis, les diréis algo más concreto. En este momento, cuanta más certidumbre les podáis aportar mejor. Y aseguradles que haréis todo lo posible para alterar lo mínimo sus rutinas. En ese sentido, lo más conveniente es que en la medida de lo posible, no cambien de casa en la que viven o de colegio, para así, generar los mínimos cambios en la vida familiar.
Otra de las claves que pueden ayudar a facilitarles esta transición es que previamente pasen tiempo en la nueva casa del padre o de la madre. O, por ejemplo, también dejarles que decoren o pongan a su gusto su nueva habitación. Así también les hacéis participes de algunas de las decisiones y sentirán más control de sus vidas durante este proceso de adaptación.
Durante esta conversación también es importante animarles a que hagan todas las preguntas que quieran y les vayan surgiendo, dando a espacio a sus preocupaciones, a que expresen cómo se sienten o a si quieren deciros algo. No deis por hecho lo que les preocupa, dejad que ellos hablen. Porque no siempre coincide.
También es fundamental que, aunque no os digan nada, dejéis la puerta abierta a que os pregunten cualquier duda que tengan más adelante. Piensa que necesitarán un tiempo para ir asimilando la noticia. Por eso es tan importante, tener con ellos nuevas conversaciones en los días posteriores. Esta vez, ya no es necesario que sean en común, sino que puede ser de manera individual. Por ejemplo: “¿Cómo estás?”, “¿qué has pensado de lo que te hemos dicho?”, “¿hay algo que te preocupe o que te gustaría decirme?”.
Es decir, tras días, semanas o incluso meses después, realizad un acompañamiento de cómo están viviendo el proceso y mostraros disponibles para cuando necesiten deciros algo o resolver alguna duda. Por ejemplo: “siempre que necesitéis hablar del tema, por favor, decídnoslo”.
No olvides que, aunque reaccionen de forma calmada, siguen necesitando vuestra guía y apoyo emocional.
Si tras días, semanas o meses después percibes en tu hijo o hija comportamientos inusuales como estar más callado, mayor irritabilidad o rabietas, problemas en el colegio, problemas de sueño o en la alimentación… Esto por lo menos, hay que observarlo. Pueden ser reacciones normales. Es decir, la forma que tiene de expresar o canalizar su malestar en un intento de procesar lo ocurrido. Ten en cuenta que, sobre todo en los primeros meses, los cambios van a ser un poco ajetreados. Y las necesidades de cada niño o adolescente pueden variar.
No obstante, a pesar de que estas reacciones son esperables, si observas que se vuelven muy exageradas, no mejoran cuando hay una mayor estabilidad o el malestar es muy acusado, sería una buena idea que os plantéis consultarlo con un especialista en psicoterapia infanto-juvenil.
Como ves, una adecuada adaptación de vosotros como padres a la separación favorece el mismo proceso en vuestros hijos. Recuerda que no haces esto a pesar de tus hijos, también lo haces por ellos. Para que no crezcan en un clima de tensión y resentimiento, sino en un hogar y en una familia donde se respire tranquilidad, seguridad, confianza y mucho amor. Con el tiempo, esto es lo que prevalecerá y más recordarán a pesar de lo doloroso que fue el proceso en su momento. Y también les servirá de modelo para cuando sean adultos, y tengan una relación de pareja o formen su propia familia.
Espero que esta información te resulte de utilidad. Y si tienes dificultades para adaptarte a la separación o vives muy angustiado por cómo afectará a tus hijos, puedes ponerte en contacto conmigo para que te ayude.
Por Esther Fuentes
Psicóloga sanitaria y psicoterapeuta de adultos