Atravesar una ruptura de pareja nunca es fácil para nadie, pero, si además sufres de dependencia emocional, es probable que este sea el principal motivo por el que sientas que no estás avanzando.
La experiencia de la ruptura se vuelve muy traumática. Porque depender de alguien de forma excesiva, te hace olvidarte de quién eras fuera de esa relación. La sensación es, de que al perder a tu pareja (que lo era todo para ti) ya no te queda nada.
Por eso, esta vez, vengo a hablarte de ello, para que, si sospechas que te encuentras en esta situación, puedas identificarla mejor y conocer algunas de las claves que te ayudarán a empezar a ponerle remedio tras la ruptura.
Algunas de las señales que nos indican que puedes sufrir de dependencia emocional son:
Sencillamente no concibes tu vida sin estar en una relación de pareja. Para ti, es tu mundo y el centro de tu vida. Sin esa persona, la vida te parece incompleta, insustancial y aburrida.
Es posible que hayas descuidado tu vida social por esa relación y ahora te sientas más sola que nunca al conservar pocas personas en tu círculo cercano.
Este miedo al abandono y al rechazo te hacía vivir la relación en un estado de ansiedad y alerta permanente ante cualquier señal de separación, distanciamiento o malestar por parte de la pareja, que pudiera llevaros al triste desenlace.
Un ejemplo de ello es que le enviabas mensajes constantemente para saber dónde estaba o qué hacía. Y si no te respondía de inmediato, sentías una ansiedad extrema al pensar que ya no le importabas o había dejado de quererte.
Ahora te sientes muy rechazado porque al final ocurrió lo que más temías confirmando tu sensación de falta de valía.
Como tu valor como persona reside en que alguien te quiera en el plano romántico, ahora conectas con un fuerte sentimiento de no haber sido lo suficientemente buena para tu ex pareja.
Piensas que no has estado a la altura y que por eso se ha marchado. Bien sea porque, te faltan cualidades positivas que otras personas si tienen o, porque que no fuiste capaz de aportarle lo que necesitaba.
En el fondo, no te sientes querible ni merecedora de amor. Por eso, necesitabas una gran atención, afecto y validación por su parte para sentirte querido, para tomar decisiones o sentirte bien contigo mismo.
Ahora es muy posible que tengas esa sensación de haber sido poco valorado o importante para tu ex pareja.
Sentías una gran necesidad de pasar el mayor tiempo posible juntos. Cambiando incluso aficiones y planes o costumbres con tal de amoldarte a tu pareja y evitar quedarte sola o sentirte abandonado.
Como lo hacíais todo juntos, ahora te resulta extraño, triste, y aburrido hacer cosas tu solo por tu cuenta. Además, todo te recuerda a tu ex pareja porque apenas conservas recuerdos de tu vida personal en los que no estuviera presente.
Siempre anteponías los deseos y necesidades de tu pareja por encima de los tuyos para ganarte su aprobación. Dabas sin límites, y sin pararte a pensar si eso era bueno para ti. Lo que hacía que accedieras a cosas poco razonables para ti con tal de evitar ser abandonado. Le has dedicado mucho tiempo y energía en tu vida, esperando que esa persona te tuviera tan en cuenta como lo hacías tú.
Después de tantos esfuerzos para que vuestra relación funcionase, ahora que se ha ido todo al garete, sientes que has fracasado y que has perdido mucho tiempo de tu vida en esta relación. Es posible, que tu ex pareja, te haya hecho pensar que, si lo vuestro no funcionó, fue por tu culpa y que el problema eras tú.
Tras la ruptura, has hecho algún intento de volver con tu ex pareja a toda costa rogando y suplicando que volviera contigo. Puede que te hayas sometido a situaciones que consideras humillantes y te avergüenza pensar que hayas sido capaz de eso porque sientes que has perdido la dignidad.
Has encadenado enseguida una relación tras otra para evitar sentirte solo e intentar llenar el vacío que te ha dejado esta persona.
Aunque lo más probable es que solo haya sido un alivio temporal y un parche, porque al final no haces un filtro consciente de con quién estás, y el resultado es que acabas de nuevo en una relación que no te llena ni puede darte lo que necesitas. Añadiendo un nuevo fracaso amoroso a tu historial sentimental que no hace más que agrandar la herida. La pregunta de: “¿qué hay de malo en mí?” empieza a ser ya muy recurrente.
A pesar de todo el daño que te causó crees que, tienes la autoestima tan por los suelos, que existe una gran probabilidad de que volverías corriendo a su lado. Crees que eres demasiado débil y no te ves capaz de reunir las fuerzas necesarias para negarte a volver a su lado. Te culpas y te avergüenzas de que así sea.
Si has seguido manteniendo contacto con tu ex pareja después de la ruptura, muy posiblemente vivas en una montaña rusa emocional al recibir una cal y otra de arena.
Por un lado, tu ex parece dar señales de una posible reconciliación.
Por ejemplo:
se muestra receptivo ante la idea de volver juntos; Habla de un hipotético futuro donde tu sigues estando en su vida; Se muestra incluso más cariñoso y atento que cuando erais pareja; Mantiene relaciones sexuales contigo, aunque luego te dice que no te hagas ilusiones que ya no sois pareja; O que siempre serás alguien muy especial para él o ella, pero eso no quita para que podáis seguir conociendo a otras personas...
Muy confuso ¿verdad? esto te da falsas esperanzas de una futura reconciliación que, nunca llega, pero que te mantiene enganchada a esa persona.
Ya que cada vez que vuelve a tu vida y tú le dejas entrar, ante el menor atisbo de atención o cariño por su parte, el contador vuelve a ponerse a cero.
Por otro lado, en medio de todo esto, los mismos enfrentamientos continúan, lo que te conecta con la idea de que realmente nada ha cambiado anulando cualquier posible reconciliación entre ambos.
Vuelves una y otra vez a pesar de que en el fondo sabes que el resultado seguirá siendo el mismo, pero te aferras a la mínima posibilidad y te autoengañas diciéndote que “esta vez será diferente”.
Le das muchas vueltas a la idea de “¿Cómo he podido dejar que me hiciera todo eso?”. Y aun así no puedes soportar la idea de vivir sin esa persona. Te has sentido muy culpable por consentirle que te tratara tan mal.
Es posible que hayas sufrido abuso emocional dentro de la relación, e incluso que esta misma historia se haya repetido en parejas anteriores.
Recuerdas sobre todo los buenos momentos que viviste en la relación. Aquellos en los que te hacía sentir muy especial, querido y valorado. Al mismo tiempo, minimizas los malos momentos y la gravedad del daño que te ocasionaba, llegando a justificar su mal comportamiento o echándote a ti la culpa de esas situaciones.
A día de hoy, le sigues buscando, no puedes evitar meterte en sus redes sociales para ver con quien está, preguntas a amigos y conocidos para saber de él o ella
Tras dejarlo, sientes una gran necesidad de saber si te quiso. Y buscas señales de si realmente fue así o no. La idea de que no hubieras significado nada para el otro, es devastadora.
Si a estas alturas, sospechas o sabes que ha rehecho ya su vida con otra persona, sentirás mucho dolor al pensar que ha pasado página demasiado rápido. “¿Cómo es posible que me haya olvidado tan pronto? Mientras yo sigo aquí hundido en el pozo más profundo”.
No te parece justo, te sientes engañado y te duele mucho porque esto te conecta con la idea de que la ruptura ya es definitiva, se ha hecho más real.
Y que, por otro lado, quizás eso signifique que realmente no te quiso tanto. No has podido evitar entrar a compararte con la nueva pareja preguntándote “¿qué tendrá esa persona que yo no tenga?”
Es como si hubieras perdido tu identidad y una parte de ti misma hubiera desaparecido junto con la relación. Queda muy poco de quien eras y de tu esencia. No sabes quién eres realmente sin esa persona. Te has fusionado y mimetizado tanto en esa relación que ya no te reconoces.
Visto desde fuera, tus seres queridos no entienden cómo sigues ahí y te aconsejan que deberías alejarte de todo eso. Sabes que te lo dicen por tu propio bien, pero esto solo contribuye a sentirte aún más culpable y avergonzado.
Por supuesto, teniendo en cuenta todo esto, te preocupa mucho el no saber qué será de ti ahora en adelante. No sabes seguir sin esa persona ahora que se ha ido.
Todo esto dificulta enormemente que puedas avanzar en tu proceso de duelo, así que habrá que ponerse manos a la obra si quieres vivir con plenitud tus relaciones y desarrollar tu autonomía personal.
Lo primero que me gustaría decirte es que cuando uno lo vive en primera persona, parece que nunca será posible salir de ahí. Esto es más una sensación que una realidad.
No te voy a mentir. Es un proceso complejo que lleva su tiempo, pero la recuperación es posible con el debido acompañamiento psicológico.
No obstante, si actualmente para ti no es una posibilidad, te dejo algunas claves para que puedas empezar a reducir la dependencia emocional.
Ya sé que no quieres ni oír hablar de aceptar nada, pero en serio, es fundamental empezar a reconocer que la relación acabó. Negarlo solo llevará a mayor sufrimiento y a que no puedas desligarte de esta persona.
Hacerlo lleva su tiempo, pero es posible. Un buen comienzo sería hablar sobre lo que sientes con tus seres queridos para evitar aislarte y recibir el apoyo necesario. Si puedes contar tu historia, harás que tu historia cuente.
No hay nada de malo en ti, no te quedes a lado de alguien que te haga sentir que es así.
Que las cosas entre vosotros funcionaran, no sólo dependía de ti ni de tu pericia. También dependía de lo que estuviera dispuesto a hacer por la relación la persona que tenías al lado. No pases por alto su parte de responsabilidad en lo sucedido.
El resultado ya no lo puedes cambiar, pero si puedes a partir de ahora empezar por mejorar la relación que tienes contigo mismo.
Te aseguro que si inviertes en mejorar esto, estarás contribuyendo a construir relaciones más sanas y equilibradas en adelante.
Vas a ahorrarte muchísimos disgustos porque te protegerá de vincularte con personas que no pueden darte lo que necesitas. Y te resultará más fácil soltar vínculos que no te convienen.
Cuando interiorices que eres suficiente, no dependerás tanto del criterio externo para sentirlo y creerte merecedora de amor. Esto cambia de manera radical la forma de ser y estar en tus relaciones y de sentirte en tu propia piel.
Si te interesa, en este artículo podrás revisar en mayor profundidad cómo mejorar tu autoestima.
Nuestra historia de vida y la cultura o sociedad en la que crecemos, hace que interioricemos una serie de ideas sobre cómo deben ser las relaciones y que podemos esperar de los demás.
Por desgracia, existen multitud de mitos sobre el amor romántico que alimentan la dependencia emocional patológica en una relación. Será fundamental que empieces a rebatirlas.
Empieza a cuestionarte creencias como “sin esta persona no soy nada” o “el amor lo puede todo”.
Lo cierto es que, con quererse no basta. Hacen falta muchas cosas más para que una relación funcione y sea saludable.
Si te interesa cómo fomentar un vínculo saludable, puedes leer este artículo: ¿No dejas de encadenar relaciones fallidas? Cómo ponerle fin y encontrar una pareja sana y estable.
Y desde luego tu no necesitas a nadie que te defina ni que te complete. Necesitas que te acepten por quién eres y respeten tu esencia. Ya eres una persona entera, así viniste de fábrica al mundo. Quédate con quien entienda esto.
Si buscas a alguien que te salve, te de lo que te falta, llene ese vacío y te haga feliz, eso estará abocado al fracaso.
Primero porque es una exigencia desmedida esperar que todo eso te lo proporcione una única persona. Tu bienestar, en buena medida, depende de ti y es tu responsabilidad
Cuidado con volcarla en la siguiente persona que aparezca en tu vida. Si lo dejas en sus manos, no tendrás ningún control sobre tu propia vida. Es una condena que dependas siempre de otros para estar bien.
Hay necesidades que satisfacemos dentro de las relaciones, y otras que solo tú puedes darte a ti mismo.
Los demás, tan solo pueden desde fuera facilitarte el camino.
Así que, si quieres evitar que la misma historia se repita una y otra vez, proporciónate el tiempo necesario para curar tus heridas y aprovecha esta situación de crisis personal como una oportunidad para atender asuntos pendientes contigo mismo.
Esto facilitará que entres en la nueva relación con buen pie. Con la apropiada libertad emocional y autonomía personal que te permita construir un amor puro y genuino.
El fracaso en una relación no se mide por si esta llega a su fin o no. A veces el éxito también está en darse cuenta de cuándo algo no funciona y tomar acción en consecuencia.
No hay nada como vivir en coherencia contigo mismo con tus valores, y necesidades. Aunque esto implique estar fuera de esa relación.
Desiste de poner el foco solo en lo que has perdido, también atiende lo que puedes llegar a conseguir en adelante. Para esto no hay límite de tiempo, nunca es tarde.
Aprender a poner límites o a comunicar tus necesidades va a ser fundamental para mantener una relación equilibrada.
Y no hace falta esperar a estar en una nueva relación para trabajar en ello.
Reflexiona:
¿Qué te hizo vincularte a esta persona?
¿Qué podías pedir o esperar de tu relación?
¿Te has preguntado hasta donde querías dar y si te merecía la pena?
O ¿cómo te hacía sentir esto?
Si nunca lo has meditado, empieza ahora. Tan importante es dar como recibir si deseas cultivar una relación sana con alguien. Debe existir un equilibrio entre ambas.
Y te propongo el siguiente ejercicio:
Haz una lista con las condiciones necesarias para estar bien en una relación.
Apunta aquellas que son absolutamente esenciales para tu bienestar y que no estarías dispuesto a comprometer en ningún caso. Lo que para ti no sea negociable.
Y ahora, ¿Cuántas de ellas cumplía tu ex pareja? Tenlas muy presente la próxima vez que busques conocer a alguien. No te conformes con menos.
Si tu miedo a la soledad eligió por ti, muy posiblemente no te paraste a valorar si esa persona realmente encajaba contigo.
Ahora, desde la distancia, puedes sacar mejores conclusiones que te ayuden a fijarte mejor la próxima vez y que puedas comunicar tus límites y necesidades con mayor seguridad y firmeza.
Si para ti la soledad es un problema y te has fusionado tanto con la pareja que ya no sabes lo que quieres o te motiva en la vida, será prioritario que intentes recuperar aquello de ti que perdiste o que renunciaste por estar en esa relación.
Recupera actividades rutinas o costumbres que antes sabías que te aportaban bienestar o que intuyes puedan hacerlo.
No esperes a que alguien te acompañe para hacerlas. Realízalas a solas por tu cuenta. Míralo como una cita contigo mismo para empezar a cuidar mejor de ti.
Al principio te resultará extraño e incómodo, pero, irás acostumbrándote e incluso llegarás a disfrutar de esos encuentros a solas.
Por ejemplo, retoma algún hobby abandonado, realiza alguna actividad pendiente que siempre quisiste hacer, sal a disfrutar de dar un paseo o ir a tomar un café… Es decir, agenda ese ratito contigo para hacer lo que quieras como parte de tu compromiso con tu bienestar.
No tienes que renunciar a estos espacios de ocio y entretenimiento solo porque ahora ya no estés en pareja. Aprópiate de esos espacios, hazlos tuyos. Así generarás nuevos recuerdos incluso en los sitios a los que solíais ir juntos.
Esto favorece tu individualidad y te devuelve la libertad para dejar de vivir con tantas limitaciones y restricciones.
Si te está costando abandonar esa relación, medita sobre cómo fue cuando estabais juntos y recuerda por qué acabó. No te olvides de las noches en vela, de los enfrentamientos sin fin, los días en los que te ahogabas en lágrimas, lo pequeñito que te hacía sentir, el miedo a su reacción y lo mucho que te costó recuperarte y volver a sonreír.
Y ahora plantéate:
¿Qué ha cambiado realmente esta vez?
¿Sus promesas acompañan a sus acciones?
¿Qué te dice tu intuición?
Fíjate más en sus comportamientos que en sus palabras y siempre, escucha tu intuición. Aquella parte de ti que te susurra hacia dónde necesitas ir y que te protege de quien no merece más tus lágrimas ni tu atención.
Otro recurso: escribe una carta a tu yo del futuro.
Escríbete una carta para cuando te sientas tentado y te entren las dudas de volver con tu ex pareja.
Plasma en ella los motivos para no continuar con la relación, tus sueños, aspiraciones o metas de futuro reafirmando tu compromiso con tu bienestar. Sirve a modo de recordatorio. Coloca la carta en un lugar accesible para que puedas leerla cuando la necesites.
No olvides nada de esto antes de dar una oportunidad a quien no lo merece.
No es que tu quisieras permitirlo, nadie se queda al lado de alguien que le hace sufrir porque quiera.
Ni tiene que ver con la falta de voluntad o de fortaleza.
La respuesta está más bien en cómo se establecieron tus primeros vínculos cuando eras pequeño con las personas más significativas de tu vida.
Si se cubrieron o no tus necesidades de afecto, atención, validación...
¿Mis cuidadores estaban ahí para mí cuando yo lo necesitaba?;
¿Cómo estaban presentes?;
¿Me hacían sentir que lo que me pasaba era importante?;
¿Podía compartirlo sin miedo?
¿Me sentía segura y protegida a su lado?...
Si fue, al contrario, y tus necesidades emocionales no se cubrieron adecuadamente, es muy probable que hayas desarrollado un estilo de apego inseguro.
Y esto, tiene enormes implicaciones en la vida adulta. Porque a medida que crecemos el apego no desaparece, sino que volvemos a establecer ese vínculo (seguro o inseguro) con otras personas. Y, muy especialmente, con la pareja. Esto determina la visión que tienes de ti mismo (tu autoestima), tus relaciones y el mundo que te rodea.
Este es el motivo por el cual, posiblemente hayas normalizado y tolerado muchas conductas abusivas y de maltrato, pero que eso no haya sido un impedimento para continuar con esa persona.
No te culpes por no estar en el punto que desearías todavía, puede ser complejo establecer relaciones sanas, si nuestros primeros vínculos no fueron seguros y confiables.
En mi experiencia, aquí la ayuda profesional es un muy buen punto de apoyo. Por eso si la necesitas, estoy aquí a tu entera disposición.
El contenido ha sido redactado con fines divulgativos, en ningún caso puede susituir la valoración de un profesional.
Por Esther Fuentes
Psicóloga sanitaria y psicoterapeuta de adultos